Día del Olimpismo Gallego 2017

Miércoles, 01 Julio 2015 10:17

Juegos de la XXIII Olimpiada, Los Ángeles 1984

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

Juegos de la XXIII Olimpiada, Los Ángeles 1984

Los Angeles 1984Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española, realiza en esta serie de artículos un recorrido por las Olimpiadas de la Era Moderna desde la restauración del Movimiento Olímpico por Pierre de Coubertin en 1894 hasta nuestros días. En este capítulo viajamos hasta Los Ángeles, quien se adjudicó la celebración de los Juegos de la XXIII Olimpiada de la Era Moderna.

FacebookTwitterDiggDeliciousStumbleuponGoogle BookmarksNewsvineLinkedinPinterest

Para los Juegos de 1984 la candidatura de Los Ángeles se presentó en solitario, y la adjudicación, obviamente no ofreció dudas1. El astro­nómico coste al que ascendió el gasto origina­do por las dos anteriores ediciones olímpicas fue el elemento disuasorio determinante para cualquier tipo de concurrencias. Montreal ge­neró un coste de mil doscientos millones de euros y lo invertido para Moscú se calculó en cifra aproximada a los seis mil millones de euros. El méri­to alcanzado por los patrones olímpicos ameri­canos es el de haber descubierto un revolucio­nario mecanismo de financiación a través de la inversión privada2.

Por esta razón cuando Los Ángeles fue de­signado, los organizadores de los Juegos sabí­an que no habían de contar con ningún tipo de ayuda oficial y, si bien es cierto que parte im­portante de las instalaciones existían ya, como el Memorial Coliseum, escenario de los Juegos de 1932, fue preciso no obstante, realizar toda una serie de obras de acondicionamiento y ac­tualización, y, después de cerrados los gastos, los Juegos de 1984 produjeron un superávit de 150 mi­llones de euros. Todo un récord económico-olímpico.

Medallas Los Angeles 1984

Medallas de los Juegos de la XXIII Olimpiada - Los Angeles 1984

La colaboración del voluntariado olímpico dio también el récord de participación, con 45.000 ilusionados colaboradores gratuitos, y la partida de recaudación por la retransmisión te­levisiva alcanzó también otro récord histórico al sobrepasar la cifra de los 217 millones de euros. El acoplamiento del heterogéneo gru­po de factores que dio un tan positivo balance económico tuvo un nombre como protagonista de tan mágicos aciertos, que fue el de Peter Ueberroth, Presidente del Comité Organizador (LAOC)3.

Pero en los Juegos de 1984 había de tener lu­gar también la segunda y esperada secuencia del boicot olímpico iniciado de forma múltiple cuatro arios atrás. El 9 de mayo de aquel año, la URSS comunicaba de forma oficial su decisión de no acudir a Los Ángeles bajo el pretexto pueril de la inseguridad que ofrecía a su dele­gación la histeria antisoviética que se respiraba en Estados Unidos. El pronunciamiento deci­sivo de la nación cabeza de serie, trajo consigo un cúmulo de adhesiones en cadena, que se­cundaron la decisión y así Bulgaria, República Democrática Alemana, Vietnam, Laos, Mon­golia, Afganistán, Hungría, Polonia, Cuba, Ye­men del Sur, Etiopía, Corea del Norte y Ango­la se unieron al boicoteo4.

En cuanto a la competición, los Juegos de la XXIII Olimpiada se iniciaban como los ante­riores con una elevada tasa de devaluación por ausencias. Pero en el aspecto sociológico la ma­niobra política de la importante ausencia pro­dujo efectos diversos en los dos bloques, y así mientras en Rusia y otros países la decisión fi­nal de boicoteo fue motivo de desaliento y frustración en una generación de atletas que con elevado sacrificio se habían venido prepa­rando para el gran acontecimiento, en EE.UU., por el contrario, los reiterados triunfos nortea­mericanos, propiciados en gran medida por au­sencias de cualificadas figuras, fueron adopta­dos como un síntoma de supremacía mundial, generador de un exacerbado nacionalismo, y la bandera norteamericana, en todo tipo de tama­ños y grabada en los instrumentos y útiles más diversos, aparecía por doquier5.

En prevención de trágicos acontecimientos como los de Múnich, las medidas de seguridad adoptadas para la vigilancia y control de la Vi­lla Olímpica fueron extremas. Los cerca de 8.000 atletas pertenecientes a los 141 países participantes fueron custodiados estrechamen­te por 20.000 vigilantes, entre policías, solda­dos y guardas, y 100 helicópteros sobrevolaron constantemente la zona, completando así unas medidas prudentes en exceso que restaron espontaneidad y libertad a la reunión de la fami­lia olímpica.

Antorcha Los Angeles 1984El traslado del fuego olímpico desde Olim­pia, según el proyecto concebido por los organizadores, fue motivo de aguda controversia. El criterio eminentemente utilitario del Presiden­te del Comité, Peter Ueberroth, así como el del Director General, Harry Usher, les llevó a con­cebir el plan denominado Youth Legacy Kilome­ter (Kilómetro Patrimonio de la Juventud), se­gún el cual todo el recorrido que debía hacer el fuego olímpico por territorio norteamericano sería subastado de manera que el que quisiera ser portador de la llama durante un kilómetro debería abonar a la organización una suma equivalente a 1.800€. Con el dinero recaudado de esta manera se formaría un fon­do destinado a promover el deporte entre la ju­ventud estadounidense aún no federada6.

A la idea así concebida se le dio inmediata­mente publicidad a través de los diferentes ca­nales de radio y televisión, así como con la edi­ción de folletos explicativos sobre la intención y finalidad del proyecto, acompañado de char­las, coloquios y conferencias. De diferentes puntos del país comenzaron a llegar propuestas para cubrir distintos tramos de la carrera, pre­vio pago de la suma anticipada. Pero cuando el Comité Olímpico Griego tuvo conocimiento de la dimensión económica que se preveía dar al simbólico recorrido de la antorcha, manifes­tó su profundo desagrado, amenazando con no permitir el traslado del fuego olímpico.

En fecha 27 de noviembre de 1983, el Comi­té Olímpico Griego puso en conocimiento del Presidente del Comité Olímpico Internacio­nal, Juan Antonio Samaranch, el estado de las cosas y su alarma por lo que consideraban mer­cantilización inaceptable de uno de los símbo­los más genuinos de la gran fiesta olímpica. Tensas reuniones tuvieron lugar durante los meses de febrero, marzo y abril de 1984 entre el LAOC y el Comité Olímpico Griego, ani­madas por extensas campañas de prensa de pe­riódicos helénicos y norteamericanos. Al final, a escasos días del comienzo de la tradicional ceremonia en Olimpia, ambas partes llegaron al acuerdo de trasladar el fuego de Olimpia a Atenas en helicóptero y de Atenas a Nueva York en avión. El resto del programa del reco­rrido por suelo norteamericano se realizará se­gún lo habían concebido los organizadores.

El fuego olímpico para los Juegos de Los Ángeles recorrió 15.000 kilómetros, fue porta­do por 3.436 corredores y generó una suma de beneficios superior a los seis millones de euros7.

Pebetero Los Angeles 1984

Pebetero de Los Angeles 1984

Uno de los secretos mejor guardados de estos Juegos fue el nombre del atleta encargado de hacer la última posta del relevo y encender el pebetero en el Memorial Coliseum: Rafer Johnson. Este ex decatleta de raza negra reci­bió la antorcha de manos de Gina Hemphill, cuyo único mérito para portar la antorcha den­tro del Estadio era el de ser la nieta del mítico Jesse Owens8.

Paralelamente a la preparación de los Juegos se llevó a cabo un sinfín de actividades culturales bajo el nombre de Olympic Arts Festival, como medio de fusión de las culturas oriental y occidental. Estas actividades incluían teatro, ópera, danza, cine, conciertos y exposiciones de pintura, todo ello de la más variada índole y para los gustos más dispares. Allí se dieron cita artis­tas tan heterogéneos como Merce Cunningham, Plácido Domingo, la Orquesta de Cámara Nacional de China o el Cirque du Soleil.

Mascota Los Angeles 1984

Sam - Mascota de los Juegos de la XXIII Olimpiada - Los Angeles 1984

La ceremonia inaugural fue una vez más el claro exponente de la cultura, la historia y la mentalidad del país anfitrión. El productor de más de 500 películas, David Wolper, fue el encargado de dirigir el gran espectáculo que sería presenciado por televisión por más de 2.500 millones de espectadores9.

Las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos costaron más de 5 millones de euros. En la primera, la preparada por Wolper, millo­nes de globos blancos y dorados ascendieron al cielo, mientras que un multitudinario conjunto, integrado por más de diez mil ejecutantes, entre los cuales había ochenta y cuatro pianistas, evo­carían las peripecias históricas de la nación americana junto con sus mitos de celuloide y la ficción científica a través de la evolución de su música, desde los primitivos espirituales negros sureños hasta el moderno breakdance, pasando por los temas de películas famosas. El gran au­sente de la ceremonia inaugural fue el águila «Bomber» una rapaz majestuosa e inteligente que había sido entrenada durante un año para sobrevolar el Estadio en la solemne sesión. El fallecimiento repentino de la rapaz cuatro días antes de la inauguración, obligó a un rápido cambio en el programa y el golpe de efecto co­rrió a cargo del rocketman que con la más fan­tástica de las ideas llegó al centro del estadio au­topropulsado, como si de espectacular vuelo cósmico se tratase, cautivando con su insólita aparición a los casi cien mil espectadores. Una ceremonia del más puro estilo cinematográfico, con toda la grandiosidad y el colorido que ca­racterizaron a los musicales de Hollywood10. El presidente Reagan, desde una cabina de cristal blindado, pronunció las palabras de rigor y los Juegos comenzaron, Edwin Moses el excelente atleta norteamericano de color, figura mundial en la distancia de 400 m vallas y medalla de oro en la prueba, en los Juegos de Montreal, fue el deportista elegido para prestar el juramento olímpico en nombre de los competidores. La trascendencia solemne del momento, alteró su memoria, olvidándose parte de la fórmula juratoria que, entre titubeos y silencios, redujo a muy breves palabras. Pero la intención bastó.

Edwin Moses

Edwin Moses (USA)

A pesar del boicoteo, los Juegos de Los Ángeles no estuvieron faltos de logros y ré­cords. Carl Lewis igualó la hazaña de su her­mano de raza Jesse Owens y sin esfuerzo apa­rente consiguió la medalla de oro en 100, 200, 4 x 100 y longitud11. Otro yanqui de color, el referido Edwin Moses, triunfó con autoridad en los 400 metros vallas, consiguiendo en la prueba su victoria consecutiva número 105 y repitiendo el éxito que ocho años atrás obtu­viera en Montreal. El corpulento japonés Ya­suhiro Yamashita luchando contra la adversi­dad de una lesión y cojeando ostensiblemente fue eliminando a todos sus contrincantes hasta adjudicarse el triunfo en el open de judo, y la rumana Maricica Puica triunfó en la prueba de los 3.000 metros, contra pronóstico, dejando atrás a la británica Zola Budd, a quien se le im­putó por el público la caída en la pista de la fa­vorita local Mary Decker12. El fornido atleta británico Daley Thompson, se proclamará como el atleta más completo de los Juegos al ganar holgadamente el decatlón.

Carl Lewis

Carl Lewis (USA)

Los Juegos de Los Ángeles también pasarán a la historia del deporte, por ser los primeros en los que se incluyó la carrera de maratón en el programa olímpico femenino. Fue esta una prueba dramática donde el calor y la humedad hicieron estragos entre las corredoras. La atleta suiza Gaby Andersen-Schiess entró en el esta­dio deshidratada y exhausta protagonizando, con su interminable esfuerzo para conseguir lle­gar a la meta, el incidente deportivo más patéti­co de los últimos tiempos. Mientras, Joan Be­noit, ganadora de la prueba, pasará a la historia como la primera vencedora de un maratón olímpico femenino e igualmente la joven ma­rroquí Nawal El Moutwakel como la primera mujer árabe vencedora con medalla de oro olím­pica. Las carreras sobre 3.000 y 4.000 m vallas femeninos también se disputaron en estos Jue­gos por primera vez y Carlos Lopes, el enjuto maratoniano portugués, también ganará en la prueba la primera medalla de oro para su país.

Daley Thompson

Daley Thompson (USA)

Durante la 87ª Sesión del COI habida en Sarajevo, en el transcurso de los Juegos de In­vierno, se acordó como innovación en el proto­colo olímpico entregar la bandera olímpica al alcalde de la ciudad organizadora de la próxi­ma edición durante la ceremonia de clausura de los Juegos precedentes, insignia que ha de ser encerrada en preeminente edificio público durante el período organizativo previo13; y nueve meses más tarde entre los días 7 y 2 de noviembre del mismo año, los Comités Olím­picos Nacionales reunidos en Asamblea Gene­ral en la ciudad de México, proclamarán una Declaración solidarizándose en contra de los boicoteos, repudiando la situación racista de al­gunos países y proponiendo una flexibilización de la norma 26 a tenor de las grandes exigen­cias del deporte de alta competición14.

Por su parte el COI consciente del arraigo que dentro del escenario olímpico había adqui­rido la absurda y disparatada lacra de los boicoteos, en la 89ª Sesión, habida en Lausana a comienzos de diciembre del mismo año y cons­tituida al efecto como una Sesión Extraordina­ria para el estudio del futuro del movimiento olímpico, aprobó una enérgica declaración por la que, condenando el injusto castigo que con el boicoteo se imponía a los atletas, víctimas directas e inocentes de las irracionales maquina­ciones políticas, responsabilizaba oficialmente de tales hechos, a los Comités Olímpicos Na­cionales en cuestión, con amenaza de exclusión y recordaba y advertía de forma tajante, que el único organismo competente para determinar si en una edición de los Juegos se cumplían o no los postulados de la Carta Olímpica, era el Comité Olímpico Internacional, con faculta­des totales, exclusivas y excluyentes15.

El 17 de octubre de 1985 la Comisión para el Movimiento Olímpico del COI admitió los principios sentados en el denominado «Código del Atleta», normativa elaborada por la Comisión integrada por Alejandro Siperco, Raúl Mollet y Boris Stankovic por la que proponían un cambio sustancial en las condiciones parti­cipativas de los atletas de alta competición en los Juegos, facultando como jueces exclusivos para estos extremos a las Federaciones Internacionales y prohibiendo solamente de forma ofi­cial en el deporte olímpico el uso del dopaje o la violencia16.

XIV Juegos de Invierno Sarajevo 1984Un último acuerdo importante habría de adoptarse dentro del espacio de la Olimpiada relativa a la sucesión del Calendario de los Jue­gos de Invierno respecto a los Olímpicos. En la 91ª Sesión desarrollada en Lausana el 14 de octubre de 1986, se decidió la modificación de la Norma 5 de la Carta Olímpica, establecien­do que sería la XXV Olimpiada la última en la que se celebren todo el calendario competitivo de ambos Juegos dentro del mismo año, alternándose a partir de entonces cada dos años unos y otros con período de inicio en 1994 con ocasión de los XVII Juegos de Invierno que ul­teriormente habían de otorgarse a la localidad noruega de Lillehamer en la 94ª Sesión del COI en Seúl en 1988. Se rompía así una tradi­ción mantenida desde 192417.

Tensos forcejeos se sucedieron también a lo largo de todo el período en las maquinaciones de las dos Coreas, respecto al protagonismo participativo que la República Democrática y Popular de Corea (Corea del Norte) pretendía tener en la organización de los Juegos de la XXIV Olimpiada adjudicadas a Seúl. El presi­dente Samaranch hubo de emplearse a fondo en la excepcional faceta de su sutil diplomacia para acabar adoptando una firme solución ante la sinuosa trayectoria de los coreanos norteños18.

Fuente: DURÁNTEZ, Conrado: Las Olimpiadas Modernas, Madrid. 2004, pág. 31 y ss.
Conrado Durantez UABCONRADO DURÁNTEZ
Es Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.
Fuente vídeo: http://www.youtube.com

CITAS:

1 FLEURIDAS, C.: Les Jeux Olimpiques, p. 70.

2 CHANDLER, William: Historiada los Juegos Olímpicos, pág. 76.

3 DURÁNTEZ, Conrado: Los Juegos Olímpicos. La larga marcha XXIII.

4 GRAUPERA, María Hortensia: Olimpismo y Política, págs. 253 a 260.

5 DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. 78.

6 DURÁNTEZ, Conrado: La Antorcha Olímpica, pág. 153.

7 DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 156, Revista Olímpica, 1984, pág. 246.

8 DURÁNTEZ, Conrado: «La Antorcha Olímpica», en Mensaje Olímpico nº 30, agosto de 1991, págs. 26-35.

9 Los Juegos de la XXIII Olimpiada, Revista Olímpica, 1984, págs. 603 y 604.

10 CHANDLER, Richard: Op. cit., pág. 72.

11 CHANDLER, Richard: Op. cit.. pág. 73.

12 DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. Bl.

13 Revista Olímpica, 1984, pág. 594.

14 Declaración de México, Puntos 3,7 y 15, Revista Olímpica, 1984, págs. 967, 968 y 969.

15 Resolución de la 89ª Sesión del C.O.I., Revista Olímpica, 1985, pág. 17.

16 MOLLET, Raúl: «El Código del atleta», Revista Olímpica, 1986, pág. 81.

17 Acuerdos de la 91ª Sesión del C.O.I., Revista Olímpica, 1986, pág. 651.

18 Revista Olímpica, 1986, pág. 368, 1987, pág. 446 y 1988, pág. 407.

Visto 2785 veces Modificado por última vez en Lunes, 27 Julio 2015 10:49
Inicia sesión para enviar comentarios

Acceso Asociados

Más leídos

Agenda

loader

Ahora en línea

Hay 37 invitados y ningún miembro en línea

Próximamente...

No se han encontrado eventos

Boletín del CEO del COI

Revistas Científicas

Próximos Congresos

Twitter

Facebook

Canal Olímpico

Scroll to top

Las cookies son pequeños archivos de texto que su ordenador descarga cada vez que visita un sitio web. Cuando regresa a ese sitio web, o visita sitios web que utilizan las mismas cookies, estas reconocen su ordenador o dispositivo móvil y facilitan y aceleran la navegación

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información consultado nuestra Política de Cookies’.