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Miércoles, 01 Julio 2015 17:43

Juegos de la XVIII Olimpiada, Tokio 1964

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Juegos de la XVIII Olimpiada, Tokio 1964

Tokio 1964Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española, realiza en esta serie de artículos un recorrido por las Olimpiadas de la Era Moderna desde la restauración del Movimiento Olímpico por Pierre de Coubertin en 1894 hasta nuestros días. En este capítulo viajamos hasta Tokio quien se adjudicó la celebración de los Juegos de la XVIII Olimpiada de la Era Moderna.

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Tokio y Japón se aprestarán ilusionados a orga­nizar los Juegos de la XVIII Olimpiada. Con igual ilusión habían comenzado veinticuatro años atrás los preparativos del gran festival olímpico, que habían de quedar frustrados ante las ansias expansionistas de los militares nipones, que tras el inicio de la guerra con China, que motivaría el abandono de su compromiso olímpico, consumarán su belicismo fanático con el ataque de Pearl Harbour, en la mañana del 7 de diciembre de 1941, que ocasionará al ejército americano, cogido por sorpresa, la pér­dida de diecisiete buques y ciento veinte avio­nes así como el holocausto de más de dos mil vidas1. El desenlace de la guerra, lo habrían de provocar las bombas atómicas lanzadas el 5 y el 9 de agosto por los aliados contra Hiroshima y Nagasaki y el armisticio se firmó el 2 de sep­tiembre de 1945 a bordo del acorazado Misou­ri. De ahí, que lejano aunque presente el trági­co pasado de la guerra, el pueblo japonés con su acendrado sentido del honor, se mostrase soli­dario en intentar dar a través de sus Juegos, una imagen real y distinta a la que oficialmente quedó plasmada por los partes y noticias de las décadas precedentes. Una imagen de laboriosi­dad, cultura, cortesía y eficacia2.

El gobierno aprobó un fabuloso crédito de 1.800 millones de dólares para acondicionamientos generales, y la fisonomía de Tokio cambió radicalmente. Gigantescas máquinas de todo tipo derrumba­ron viejos edificios, abrieron nuevas calles, aplanaron zonas y obreros, que trabajaron inin­terrumpidamente en régimen de cuatro turnos consecutivos, lograron un milagro urbanístico y arquitectónico, dotando a la ciudad de lujosos hoteles y rutilantes edificios de vidrio y ace­ro3. La perfección matemática de los prepara­tivos y la minuciosidad técnica con que habrían de desarrollarse los XVIII Juegos, les valieron el apelativo de los «Juegos de la Electrónica» o de las computadoras.

Antorcha Tokio 1964

Antorcha de los Juegos de la XVIII Olimpiada - Tokio 1964

La llama olímpica para los Juegos de Tokio, es prendida en Olimpia el 21 de agosto de 1964, oficiando como Sacerdotisa Aleca Kas­telli, que daría el primer relevo al Rey Constantino. Cuando el fuego llega a Japón, cuatro rutas cruzaron el rosario de islas que integran el país, llevando a los habitantes la buena nueva del símbolo de paz. El último relevo dentro del Estadio, lo hará el 10 de octubre, el joven atle­ta Yoshinori Sakai, el «bebé de Hiroshima», nacido el mismo día del trágico y brutal expe­rimento atómico aliado, que arrasó la ciudad. Una vez más la frescura esperanzada de la paz, anteponiéndose al pasado aniquilador de la guerra... En su camino festivo y simbólico, la llama de Olimpia recorrió 15.508 kilómetros en escalas aéreas, 7.487 en rutas terrestres y 378 por mar, habiendo intervenido en su tras­lado 100.933 corredores4.

Pebetero Tokio 1964

Pebetero Tokio 1964

Las instalaciones deportivas de Tokio, cons­tituyeron un alarde de avance tecnológico, utilizándose el hormigón como elemento básico. El Presidente Brundage calificaría a la piscina olímpica de Kenzo Tange, como la «catedral del deporte» y admirado por la colaboración solidaria del pueblo japonés con sus Juegos le haría exclamar:

«Toda la nación colabora con su Olimpiada, desde el muchacho que vende periódicos, hasta el más poderoso empresario, han adoptado los Juegos como cosa propia y han abandonado incluso su quehacer cotidiano para complacer a los visitantes...»5

Yoshinori Sakai

Yoshinori Sakai "Bebé de Hiroshima"

Cuando el Emperador Hiro Hito, con empa­que hierático y solemne, pronuncia las palabras de apertura con voz cortante y gutural, la nue­va edición olímpica se pone en marcha. En el vistoso desfile precedente, han destacado tres abanderados que preceden a sus delegaciones respectivas. El Príncipe Harald de Noruega, el etíope Abebe Bikila y el colosal soviético Yuri Wlasov que lleva la insignia con el brazo ex­tendido en alarde de portentosas facultades6.

La confrontación agonística dará nuevos re­yes deportivos para la historia olímpica. El prodigioso atleta americano de color, Bob Ha­yes, dominará las pruebas de velocidad de for­ma espectacular y su rubio compatriota Don Schollander se impondrá irresistible en nata­ción. Abebe Bikila realizará la hazaña de ven­cer por segunda vez en la maratón, y el fornido americano, Alfred Oerter, conseguirá su terce­ra medalla de oro en lanzamiento de disco, pese a competir lesionado. El neozelandés Peter Snell triunfará en el medio fondo y Joe Fra­zier iniciará con su victoria en los pesos pesados, su carrera al título mundial que consegui­rá después7.Joe Fraizer

Joe Fraizer (USA)

El dato descollante de Tokio habría de ser la final de judo, el deporte nacional del país, que en los Juegos hacía estreno olímpico. El gigan­te holandés Antón Geesink atenazará al ídolo nacional Kaminaga, arrebatándole a él y al país entero el más preciado título. El lluvioso día del acontecimiento será un mudo y elocuente exponente de la expresión emocional de todo un pueblo8.

Medallas Tokio 1964

Medallas de los Juegos de la XVIII Olimpiada - Tokio 1964

África del Sur no será invitada a estos Juegos por su cerrada postura discriminatoria contra­ria a la Carta Olímpica en el tema del apart­heid. Se inicia así una accidentada historia de implicaciones olímpicas paralela a las convul­siones sociales del país, tendentes a la elimina­ción de unas leyes anacrónicas clasistas, vejato­rias e hirientes, heredadas de una pérfida ideología del precedente colonialismo inacep­table ya en las postrimerías del siglo XX. El COI ha de librar una tenaz batalla en defensa de sus postulados democráticos y humanita­rios, habiendo ejercido decisiva influencia en la progresiva evolución del sistema hacia cauces de normalidad, que permitirán la readmisión del África del Sur en la familia olímpica el 9 de julio de 1991 en una histórica Sesión en Lau­sana, en donde el presidente Samaranch, en ejercicio de los poderes que se le habían confe­rido en la 97º Sesión, entregó a Sam Ram­gamy, presidente del CON de Suráfrica la Car­ta de Reconocimiento, elevando así en aquel momento a 167 el número de CON oficiales y admitidos9. Samaranch en sus frecuentes pe­riplos Africanos, había hecho constante men­ción a la rígida pero inevitable medida adopta­da con Suráfrica para la olimpiada, cifrando su esperanza de que algún día la evolución social del país hacia la justicia permitiesen al COI revocar su decisión.

El voleibol hace su estreno olímpico en To­kio, con la original exclusividad, de haber sido la única disciplina olímpica que se inauguró si­multáneamente para hombres y mujeres.

IX Juegos de Invierno Innsbruck 1964

Innsbruck, capital del Tirol será la sede de los IX Juegos de Invierno, perfectamente organizados a pesar de las dificultades climatológicas motivadas por la benignidad del tiempo. 933 atletas representaron a 36 países. La pareja de esquiadores soviéticos Ludmilla Belousova y Oleg Protopopov ganan por primera vez el pa­tinaje artístico, conquistando también los rusos la medalla de oro en hockey sobre hielo, ini­ciando así un dominio absoluto en la prueba que habrán de mantener durante cuatro olim­piadas sucesivas.

Fuente: DURÁNTEZ, Conrado: Las Olimpiadas Modernas, Madrid. 2004, pág. 31 y ss.
Conrado Durantez UABCONRADO DURÁNTEZ
Es Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.
Fuente vídeo: http://www.youtube.com

CITAS:

1 DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. 66.

MAYER, Otto: A través de los aros olímpicos, pág. 142.

2 DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 66.

3 THARRATS, Juan Gabriel: Historia de los Juegos Olímpicos, pág. 821.

4 DURÁNTEZ, Conrado: La Antorcha Olímpica, pág. 94.

5 MANDELL, Richard: Historia cultural del deporte, pág. 261.

THARRATS, Juan Gabriel: Op. cit., pág. 821.

6 THARRATS, Juan Gabriel: Op. cit., pág. 824.

7 DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 67.

8 DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 68.

THARRATS, Juan Gabriel: Op. cit., pág. 848.

9 Revista Olímpica, 1991, número 286, págs. 364-366.

GRAUPERA, M. Hortensia: Olimpismo y política, 100 años de vida en común, pág. 231.

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