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Miércoles, 01 Julio 2015 13:21

Juegos de las XII y XIII Olimpiadas

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Juegos de las XII y XIII Olimpiadas

lazo negroConrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española, realiza en esta serie de artículos un recorrido por las Olimpiadas de la Era Moderna desde la restauración del Movimiento Olímpico por Pierre de Coubertin en 1894 hasta nuestros días. En este capítulo el horror de la II Guerra Mundial impidió la celebración de los Juegos de las XII y XIII Olimpiadas de la Era Moderna.

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El tono político y el velado poder militar que los nazis hicieron presente en los Juegos de la XI Olimpiada, no hacía presagiar buenos au­gurios pese al esplendor con que se desarrolló la gran fiesta olímpica en su versión alemana. En su Sesión de Berlín, en julio de 1935, el COI concedió los Juegos de la XII Olimpiada a Tokio, intentando con ello iniciar la difusión olímpica en el continente asiático, otorgándose también a Japón los Juegos de Invierno, a desa­rrollar en la ciudad de Sapporo de la isla de Hokkaida1. El Conde Sayeshima, miembro del COI por Japón, había alegado como méri­to histórico para la concesión, el cumplirse en esas fechas el 2.600 aniversario de la fundación de la dinastía nipona, la más antigua del mun­do. Pero el inicio de la guerra chino-japonesa, había de frustrar los ilusionados preparativos y el 7 de julio de 1937 Japón declinaba el com­promiso organizativo. En apremiante decisión, el COI otorgó el patrocinio de los Juegos a Helsinki, que junto con Londres, se habían ofrecido para organizarlos2.

El 2 de septiembre de 1937, Pierre de Cou­bertin, el padre del moderno olimpismo, deja­ba de existir, sorprendiéndole la muerte cuando meditabundo paseaba por el parque de La Grange en Ginebra. Cumpliendo su decisión testamentaria, su cuerpo fue enterrado en Sui­za, nación que le dio cobijo a él y a la organi­zación rectora del gran movimiento restaurado, y su corazón embalsamado fue enviado para que permaneciese por siempre en Olimpia, que fue durante toda su vida el motivo central de su tenaz e ilusionada lucha. El 26 de marzo de 1938, el Príncipe heredero Pablo, Presidente del Comité Olímpico Griego, depositaba una pequeña urna de mármol negro, conteniendo la reliquia, en el monumento dedicado por Gre­cia a Coubertin, ubicado hoy día dentro de las dependencias de la Academia Olímpica Inter­nacional en Olimpia3.

La máquina olímpica sigue su marcha, y una vez adjudicados los Juegos de la XII Olimpia­da a Helsinki, el COI en su XXXVIII Sesión, celebrada en Londres entre las fechas de 6 a 9 de junio de 1939, señalaba a la capital británi­ca como escenario de la siguiente edición, que haría la número XIII4. Pero el día 1 de sep­tiembre de 1939, las tropas alemanas invaden Polonia, dando origen a la II Guerra Mundial, la más feroz y devastadora de cuantas calami­dades ha padecido la Humanidad. El saldo trá­gico final de connotaciones apocalípticas, es todo un lacónico exponente de la magnitud de la tragedia: cincuenta millones de muertos y veintiocho millones de inválidos. El esterili­zante drama de la guerra, incompatible con el festivo encuentro de las competiciones olímpi­cas, hace que se queden dos sucesivas Olimpia­das sin disputar Juegos Olímpicos.

La ausencia de Juegos ante el cataclismo po­lítico, no impidió por eso que la máquina olím­pica de manera silenciosa pero incesante si­guiera en marcha5. Antes del inicio de la contienda en la primavera de 1937 Coubertin había dirigido una carta al Gobierno del Reich por la que haciendo constatación del éxito de los Juegos de la XI Olimpiada, proponía la creación de un Centro de Estudios Olímpicos al que legar todos sus papeles, documentos y proyectos no realizados referentes al conjunto del olimpismo renovado para preservarlo de las desviaciones que contra él se pudieran come­ter6. El Instituto Olímpico Internacional de Berlín, que con tal motivo se constituyó, fue un antecedente inmediato de la Academia Olím­pica Internacional en su misión salvaguardado­ra de los valores olímpicos7. El organismo ini­ció sus funciones el 1 de abril de 1938 figurando como Presidente el Jefe Nacional de los Deportes, von Tschammer y como Secreta­rio General Carl Diem8. Tarea inicial del Ins­tituto fue la creación de un Archivo Olímpico como centro recopilador de la organización de­portiva del mundo y la edición de la Olympische Rundschau (Revista Olímpica) en la que se re­fundiría el Bulletin Oficiel del COI que venía emitiéndose desde enero de 1926 y que publi­có su último número en enero de 19369. Pero los acontecimientos políticos no habían de per­mitir larga vida a tan ambiciosos proyectos, ce­sando el Instituto en sus funciones «por ahora durante un año...» según expresaba el último número de la Revista Olímpica que con el ordi­nal 24 apareció en octubre de 1944. Los fondos y archivos de la misma fueron remitidos a Lau­sana en 1946, en donde pasaron a integrarse en una de las secciones del Museo Olímpico10.

Sigfrid Edstrom

Sigfrid Edstrom (SWE) - 4º Presidente del Comité Internacional Olímpico

Pero los espinosos problemas planteados al mundo olímpico con la aguda crisis política iban a acentuarse con la inesperada pérdida de su va­leroso capitán. El 6 de enero de 1942 el Conde Baillet-Latour pasaba del sueño a la muerte, en trance repentino. La reciente pérdida de su úni­co hijo, caído en campo de batalla defendiendo a la patria, fue angustioso sufrimiento que no pudo superar11. El sueco Sigfrid Edström se hizo automáticamente cargo del mando en su calidad de Vicepresidente y trató de mantener unidos a los miembros del Comité durante los dramáticos avatares de la contienda. En la XX­XIX Sesión de Lausana, el 4 de septiembre de 1946, Edström fue confirmado por aclamación en la Presidencia, eligiéndose como vicepresidente a Avery Brundage12, otorgándole a aquél un año más tarde la Copa Olímpica en razón a sus desvelos por el olimpismo13.

Como últimos acontecimientos dentro de la XIII Olimpiada son de destacar, la adopción del saludo olímpico por los atletas en el desfile que lo harían mo­viendo la cabeza y no levantando el brazo dada la coincidente similitud con rituales políticos de entonces dolorosa actualidad, así como también la constitución de un fondo bibliográfico inte­grador de la Biblioteca Olímpica en donde se fusionaron todas las publicaciones dependientes de la esfera de acción del COI14.

Fuente: DURÁNTEZ, Conrado: Las Olimpiadas Modernas, Madrid. 2004, pág. 31 y ss.
Conrado Durantez UABCONRADO DURÁNTEZ
Es Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.

 CITAS:

1 MAYER, Otto: A través de los aros olímpicos, págs. 142y 150.

2 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 154.

3 DURÁNTEZ, Conrado: La Antorcha Olímpica, pág. 43.

DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 362.

DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. 57

MAYER, Otto: Op. cit., págs. 153 y 154.

4 MAYER, Otto: Op. cit., págs. 150, 153 y 155.

5 COUERTIN, Pierre: Ideario Olímpico, pág. 135.

6 DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 369.

DIEM, Carl: Historia de los Deportes, pág. 409.

7 DURÁNTEZ, Conrado: La Academia Olímpica Internacional, pág. 28.

8 DURÁNTEZ. Conrado: Olimpia, pág. 370.

9 DIEM, Carl: Olympische Flamme, tomo I, pág. 316.

DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 370.

MAYER, Otto: Op. cit., págs. 148, 151 y 152.

DURÁNTEZ, Conrado: La Academia Olímpica Internacional, pág. 29.

10 DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 371.

11 MAYER, Otto: Op cit., pág. 161.

12 MAYER, Otto: Op. cit., págs. 161 y 164,

13 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 166.

14 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 166.

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