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Juegos de la III Olimpiada, San Luís 1904

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Juegos de la III Olimpiada, San Luís 1904

San Luis 1904Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española, realiza en esta serie de artículos un recorrido por las Olimpiadas de la Era Moderna desde la restauración del Movimiento Olímpico por Pierre de Coubertin en 1894 hasta nuestros días. En este capítulo viajamos hasta San Luis (USA) a quien se adjudicó la celebración de los Juegos de la III Olimpiada de la Era Moderna.

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La ciudad de San Luís fue la sede de los ter­ceros Juegos. Otro fracaso estrepitoso iba a te­ner lugar, y la supervivencia de la institución pese al reiterado quebranto iba a demostrar, cara al futuro, su oculto y poderoso vigor. La pugna política por la sede entre San Luís y Chicago obligó a la intervención del presiden­te Roosvelt, siendo dato importante para la ad­judicación a San Luís, la Exposición conme­morativa que para la fecha se iba a montar celebrando el centenario de la cesión de Lousia­na a Estados Unidos1.

Los Juegos de San Luís han pasado a la historia como sinónimo de barraca y feria2. Los Anthropological Days o fiestas antropológicas que a los organizadores se les antojó de genial invento, fueron una de­gradante manifestación de la más burda estéti­ca competitiva. Grupos raciales integrados por filipinos, turcos, pigmeos, sirios y negros, mi­dieron sus fuerzas en pruebas especialmente programadas en razón a su cultura y medios de vida3.

San Luis Exposicion Universal 1904

 

En las competiciones tradicionales, los yanquis coparon 22 de las 24 pruebas disputa­das. Hace por primera vez aparición el balon­cesto, aunque fuera de programa y acompaña­do por toda una serie de concursos como carreras de automóviles y torneos de golf. Con amargura recordará Coubertin la primera ex­periencia americana a la que titulará de «feria» en donde había deporte y fraude y se exhibían monstruos para la diversión del público...

Con el transcurso del tiempo el juicio se tor­na indulgente...

«A los yanquis todo se les pue­de tolerar —dirá—, y su juvenil exuberancia hubiera obtenido incluso la indulgencia de los antiguos griegos, si por un azar, hubiesen esta­do presentes entre los divertidos espectadores de San Luís»4.

La doble y equívoca experiencia de París y San Luís, indujeron al célebre Barón a in­tentar crear un organismo encargado de velar por el sentido de la idea y filosofía olímpica, lo que conduciría a la constitución de la Acade­mia Olímpica Internacional, inaugurada en Olimpia cincuenta y siete años después, el 16 de junio de 19615.

Debido a la distancia y a los limitados me­dios de transporte de entonces, la participación en San Luís fue escasa, concurriendo sola­mente 554 atletas pertenecientes a doce países, lo que propició el dominio de los anfitriones americanos6. Uno de ellos, Archibald Hahn, apodado el «meteoro de Milwaukee» ganó de forma arrolladora las tres pruebas de velocidad en las distancias de 60, 100 y 200 metros li­sos7. Pero el héroe indiscutible de los Juegos había de ser Ray Ewery, apodado «el hombre de goma», campeón de las modalidades de sal­to sin impulso, hoy suprimidas. En París y en San Luís venció en saltos de altura, longitud y triple salto y en los de Londres en 1908 en los de altura y longitud. El verdadero mérito de Ewery, atleta espigado y de larguísimas pier­nas, radica en haber sido paralítico durante su infancia, y en haber superado con esfuerzo y te­són su adversidad hasta llegar a ser triple cam­peón olímpico en dos ocasiones8.

Archibald Hahn

Archibald Hahn - USA

Como atleta americano, Fred Lordz, pasaría también a la historia olímpica como consuma­do tramposo. Concursante en la larga prueba de maratón y cuando llevaba recorrida más de una cuarta parte de la misma, se sintió desfa­llecer y subiéndose a un automóvil de los que seguía la carrera, continuó en él hasta las pro­ximidades del Estadio en donde, después de apearse, entró corriendo con ínfulas de gran triunfador. Cuando estaba a punto de ser coro­nado por la hija del presidente Roosvelt se des­cubrió el ardid y fue descalificado a perpetui­dad, si bien rehabilitado un año más tarde, obtuvo el campeonato mundial de maratón de su país9.

Medalla San Luis 1904

Medalla de los Juegos de la III Olimpiada - San Luis 1904

El hartazgo ferial, bullanguero y exhibicio­nista que matizó los Juegos de la III Olimpia­da, condicionaría la búsqueda compensadora de una ciudad que otorgase al olimpismo na­ciente un acogedor y ordenado marco de tradi­ción, arte y cultura. La posibilidad que la elegi­da fuese Roma, ilusionará a Coubertin:

«...porque únicamente allí de regreso de una excursión por la utilitaria América, el olimpis­mo revestiría la toga suntuosa, tejida de arte, la intención con la que quise desde el principio revestirla...»10.

La dignificación del hecho deportivo y su es­tudio y valoración al más alto nivel científico, humanista y universitario induce a Coubertin a la convocatoria de un nuevo Congreso Olímpi­co continuador del inicial desarrollado en El Havre y con el que había querido recordar...

«El carácter intelectual y filosófico de su iniciativa, situando sin rodeos la misión del COI muy por encima de las simples agrupaciones deporti­vas...»11.

El Congreso de Bruselas inaugurado el 9 de junio de 1904 en el Palacio de las Aca­demias bajo el patrocinio del Rey Leopoldo II se centró en cuestiones técnicas, de la misma forma que su precedente había tratado de las pedagógicas. Con un denso programa de tra­bajo, los doscientos miembros asistentes cuaja­ron una intensa labor metódicamente llevada pese a su amplitud12.

Pero los Juegos mismos estaban también ne­cesitados de una ubicación conceptual en lo que de arte y cultura representan, así como de la na­turaleza esencial de su carácter festivo. Los Jue­gos Olímpicos —repite machaconamente Cou­bertin— no son unos simples campeonatos mundiales, sino la auténtica fiesta cuadrienal de la juventud universal de la «primavera humana», la fiesta de los esfuerzos apasionados, de las am­biciones múltiples y de todas las formas de acti­vidad juvenil de cada generación que emerge al umbral de la vida13. El restaurador busca la de­finitiva consolidación de su idea uniendo a la doble apoyatura de los tradicionales contrafuer­tes moral e intelectual, los avances conseguidos por la sociedad moderna en su doble binomio de perfeccionamiento técnico e internacionalis­mo democrático14. En la Conferencia consultiva de Las Artes, Las Letras y Los Deportes inicia­da en el hogar de la Comedia Francesa, el 23 de mayo de 1906 y sagazmente instigada por Cou­bertin, se invitaba a estudiar a los asistentes en qué medida y bajo qué forma las artes y las le­tras podían participar en la celebración de las Olimpiadas y en general asociarse a la práctica de los deportes para beneficiarse de ellos y en­noblecerlos15. La convocatoria dio un resultado previsto y apetecido, proponiendo como conclu­sión al COI la creación de cinco concursos de arquitectura, escultura, música, pintura y litera­tura; de obras siempre inéditas directamente ins­piradas por la idea deportiva cuyos concursos deberían de incorporarse en adelante a la cele­bración de cada Olimpiada16.

Fuente: DURÁNTEZ, Conrado: Las Olimpiadas Modernas, Madrid. 2004, pág. 31 y ss.
Conrado Durantez UABCONRADO DURÁNTEZ
Es Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.

 CITAS:

1 HENRY, Bill: Historia de los Juegos Olímpicos, págs. 90 y ss.

COUBERTIN, Pierre: Memorias Olímpicas, págs. 66 y 67.

2 HENRY, Bill: Op. cit., pág. 99.

3 THARRATS, J. G: Los Juegos Olímpicos, págs. 148 y 149.

DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. 41.

HENRY, Bill: Op. cit., pág. 100.

4 HENRY, Bill: Op. cit., pág. 101.

5 DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia págs. 365 y ss.

6 MEYER, Gastón: El fenómeno olímpico, pág. 72.

DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 41.

7 MEYER, Gastón: Op. cit., pág. 73.

8 DURÁNTEZ, Conrado. Op. cit., pág. 41.

9 MEYER, Gastón: Op. cit., pág. 74.

10 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 48.

COUBERTIN, Pierre: Op. cit., págs. 57 y 71.

11 COUBERTIN, Pierre: Op. cit., págs. 46 y 68.

12 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 49.

COUBERTIN, Fierre: Op. cit., págs. 78 y 79.

13 DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 366.

COUBERTIN, Pierre: Op. cit., pág. 81.

14 MAYER, Otto: Op. cit., pág. 50.

15 COUBERTIN, Pierre: Op. cit., pág. 84.

DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 367.

16 COUBERTIN, Pierre: Op. cit. pág. 85.

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