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Miércoles, 01 Julio 2015 20:03

Juegos de la I Olimpiada, Atenas 1896

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Juegos de la I Olimpiada, Atenas 1896

Atenas1896Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española, realiza en esta serie de artículos un recorrido por las Olimpiadas de la Era Moderna desde la restauración del Movimiento Olímpico por Pierre de Coubertin en 1894 hasta nuestros días. En este capítulo viajamos hasta los orígenes de la I Olimpiada que se celebró en Atenas, rindiendo homenaje a la cuna del Olimpismo.

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Entre los días 12 al 24 de junio de 1294 se de­sarrolló en la universidad Parisina de la Sorbo­na, el Congreso Internacional Atlético de Pa­rís, convocado por Pierre de Coubertin. El 23 de junio, los setenta y nueve delegados repre­sentantes de cuarenta y nueve organizaciones deportivas pertenecientes a catorce países vota­ron por unanimidad el restablecimiento de los Juegos Olímpicos1. El ambiente intelectual de una prestigiosa universidad es, pues, la sede originaria del moderno olimpismo. Se crea el Comité Olímpico Internacional como órgano dirigente y organizativo y se adjudican los Jue­gos de la I Olimpiada Moderna a Atenas2, en razón de haber sido Grecia el escenario del movimiento y desarrollo de los Primeros Jue­gos Olímpicos3. Se elige Presidente del Comi­té Olímpico al griego Demetrios Vikelas y Coubertin se reserva el cargo de Secretario Ge­neral4.

Demetrius Vikelas

Demetrios Vikelas (GRE) - 1er Presidente del Comité Olímpico Internacional

Los Juegos de Atenas presentaron agudos problemas de organización ante la inexistencia de otros Juegos anteriores y próximos, de los que extraer experiencias como ahora ocurre. Las discusiones políticas sobre la conveniencia o no de la celebración de los Juegos, suscitadas por los dos partidos mayoritarios y que llegaron a ser muy graves, fueron despejadas por Cou­bertin que, con exquisito tacto y hábil diplo­macia, ganó para su causa a la familia real grie­ga5. Una emisión de sellos —la primera de carácter deportivo— y diversas aportaciones voluntarias, sirvieron para financiar los prime­ros gastos. Un acaudalado comerciante griego residente en Alejandría, Georges Averof, donó la fabulosa cifra de un millón de dracmas de oro, destinado a la construcción del Estadio Olímpico, todo de mármol blanco, extraído éste, de las canteras del Monte Pentélico, el mismo que proporcionó los materiales con que veinticuatro siglos antes se erigió la maravilla arquitectónica de El Partenón.

Estadio Panatinaiko

Estadio Panatinaiko

El 6 de abril de 1896 el Rey Jorge I inauguró los Juegos ante el entusiasmo de 70.000 personas que abarrotaban el fastuoso estadio. Tomaron parte en las competiciones 311 atletas correspondientes a once países de los cuales 230 eran griegos. No hay ninguna mujer. Los mocetones yanquis, al­gunos de los cuales se inscribieron en los Jue­gos como consecuencia de estar de vacaciones en Grecia, coparán la mayor parte de las prue­bas ante el desencanto del público asistente. Pero el humilde atleta griego Spiridón Louis devolverá con creces la ilusión a sus paisanos cuando entra vencedor en la carrera de mara­tón, que incluida en el programa a instancias del historiador Michel Breal, intentaba reme­morar la gesta del hoplita que recorrió la dis­tancia existente entre los llanos de Maratón y Atenas para anunciar a los temerosos y atribu­lados ciudadanos atenienses, la aplastante vic­toria obtenida sobre los persas, falleciendo de cansancio y agotamiento después de haber co­municado la buena nueva. Spiridón, antiguo pastor en su infancia y después albañil, panade­ro y cartero, se inscribió para participar en la maratón «por el honor de Grecia», pasando la víspera de la prueba en piadosa vigilia, orando ante los iconos6.

Spiridon Louis

Spiridon Louis

Los Juegos de Atenas en conjunto fueron un éxito y trajeron junto con su frescura innovado­ra, una llamada de ilusión y de inquietud inter­nacional. El primer logro que habría de hacer­se notar en el espacio cronológico que con los Juegos se inicia (Olimpiada) es el de haberse conseguido una efectiva internacionalización del deporte, fenómeno que ineludiblemente habría de producirse, pero que el naciente olimpismo con su primera edición de juegos, adelantó en gran medida6.

En otro sentido, el olimpismo como doctrina filosófica que se asienta sobre el deporte como correa transmi­sora de sus ideales, consigue aplicar sus normas igualitarias y democráticas a los deportes mis­mos, programando las distintas especialidades competitivas, dentro de un mismo calendario en total plano de igualdad y respeto, logro que hasta entonces hubiera sido quimérico6.

Medallas Atenas

Medallas Atenas 1896

La internacionalización efectiva de los Jue­gos, con su periódico cambio de sede en ronda cuadrienal, fue otra de las difíciles conquistas conseguida, merced a la tenaz sagacidad de Coubertin, que supo soslayar los difíciles esco­llos surgidos al proyecto, provenientes de un exaltado nacionalismo acaparador del país pri­mer anfitrión de su idea, cuya ambición anhe­laba el mismo Rey y que con manifiesto desa­tino fue en última instancia refrendada por la irreflexiva propuesta del grupo yanqui, ebrio de gloria por sus triunfos atléticos como recordaría el genial restaurador:

«...Para que su futuro destino iguale su pasada grandeza, los Juegos Olímpicos deber ser profundamente democrá­ticos y rigurosamente internacionales.., y, dado el carácter intelectual y filosófico de mi inicia­tiva, ha de situarse sin rodeos la misión del COI por encima de las simples agrupaciones deportivas...»6.

La sintonía del nacionalismo panhelénico, surgió al año de finalizados los primeros juegos con el estallido de la guerra greco-turca por la liberación de Creta. Hipótesis diversas se emi­tieron sobre el histórico hecho, enjuiciadas también de forma dispar y en donde no faltó el hostigamiento al naciente ideario olímpico tachándolo de belicoso y de haber sido el cau­sante del conflicto. Nada más erróneo en valo­ración global, pero sin embargo certero en cuanto a los grupos helenos que se dieron cita en Atenas con ocasión de los Juegos. Veinticin­co siglos atrás, el concepto de solidaria unidad, que generó el Santuario de Olimpia, fraguó los éxitos militares de Maratón, Salamina y Platea respondiendo el polita de la diáspora griega de los comienzos del siglo V a.C. con solidario arrojo y valentía en cota de heroísmo, ante la poderosa amenaza del invasor persa. Ahora, veinticinco siglos después la reacción fue con­tra el turco7.

La permanente preocupación coubertiniana por la esencia cultural del hecho deportivo y por el destino que los Juegos habrían de tener en la sociedad, le impulsó a la convocatoria del I Congreso Olímpico a desarrollar en la nor­manda ciudad de El Havre en 1897 con un elástico programa sobre pedagogía, higiene y deporte. El entusiasta y prestigioso apoyo brin­dado por el padre Didón, prefecto del colegio de Arcueil e inspirador del lema olímpico, así como la brillantez expositiva y profundidad del reverendo De Courcy Laffan, no evitaron las críticas a Coubertin provenientes de los mis­mos miembros de Comité, al entender, que con aquella suerte de Congresos y reuniones, se perdía tiempo y prestigio, censuras impávida­mente encajadas por aquél, consciente y seguro de su importancia, adoptando ante las opinio­nes adversas una estoica postura «camaleónica» conveniente al COI —según decía— en la de­licada misión rectora e impulsora que tenía re­servada8.

Fuente: DURÁNTEZ, Conrado: Las Olimpiadas Modernas, Madrid. 2004, pág. 31 y ss.
Conrado Durantez UABCONRADO DURÁNTEZ
Es Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.

CITAS:

1 DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia, pág. 358.

2 COUBERTIN, Pierre: Memorias Olímpicas, pág. 21

3 MEYER, Gaston: El fenómeno olímpico, pág. 14.

4 MEYER, Otto: A través de los aros olímpicos, pág. 39.

MEYER Otto: Retrospectivas olímpicas, pág. 14 y ss.

MEYER, Gaston: Op. cit., pág. 48.

5 COUBERTIN, Pierre: Memorias Olímpicas, pág. 265 ss.

HENRY, Bill: Historia de los Juegos Olímpicos, Barcelona 1955, pág. 59.

6 COUBERTIN, Pierre: Memorias Olímpicas, pág. 42 y ss.

MAYER Otto: Op. cit, pág. 40 y ss.

DURÁNTEZ, Conrado: Op. cit., pág. 360.

COUBERTIN, Pierre: Ideario Olímpico, pág. 29.

MAYER, Otto: Op. cit., pág. 35.

DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos, pág. 36.

HENRY, Bill: Historia de los Juegos Olímpicos, pág. 56, 63 y ss.

THARRATS, Juan Gabriel: Los Juegos Olímpicos. Historia completa de las olimpiadas desde sus orígenes a Munich 1972, pág. 92.

7 COUBERTIN, Pierre: Movimiento Olímpico, pág. 41.

MEYER, Gaston: Op. Cit., pág. 62.

MAYER, Otto: Retrospectivas Olímpicas, pág. 35.

8 COUBERTIN, Pierre: Movimiento Olímpico, págs. 49 y 50.

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