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Martes, 15 Marzo 2016 17:22

Pierre de Coubertin y España Destacado

Escrito por Conrado Durántez
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Pierre de Coubertin y España. Los contactos pedagógicos

Pierre De Coubertin fotografiaD. Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española y del Comité Español Pierre de Coubertin aborda en este artículo los primeros contactos pedagógicos que marcaron la relación entre el humanista francés, restaurador del Movimiento Olímpico Moderno y nuestro país. Así, el autor repasa la relación de Coubertin con Giner de los Ríos, la Institución Libre de Enseñanza y otros intelectuales españoles con los que quiso contar para el Congreso de París de 1894.

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Dentro de la vigorosa impronta de la figura histórica de Pierre de Coubertin, rica y variada en sus múltiples facetas humanistas, destacó entre todas una como determinante, cual fue la de Institución Libre de Enseñanza, inicial y definitiva vocación por mor de cuya ejecución sondeó e inspeccionó a lo largo de su vida los más diversos campos de la historia, las ciencias, las artes, la sociología, la psicología, etc. Este condicionante vocacional, motor básico de su febril actividad desde los inicios de su acción pública, fue el directo motivo de entrar en contacto en diversos países y continentes, con colegas movidos por la misma pasión educadora y es que en el inicial COI incluyó en su condición de pedagogos, entre otros, al griego Demetrios Vikelas, al checo Stanislav Guts Jarkowski o al argentino Juan Carlos Zubiaur.

La conexión vocacional pedagógica habría de generar a finales del siglo XIX la primera vinculación que se conoce de Pierre de Coubertin con España en su intento difusor de la nueva educación con base deportiva con tendencia finalista olímpica. Y es que desde comienzos del mismo siglo una nueva línea educativa y formadora, el krausismo (Carlos Cristian Federico Krause, 1781- 1832), se había difundido con vigorosa impronta por diversos países de Europa, entre ellos España, impulsado aquí por la sólida filosofía del soriano Julián Sanz del Río (1814-1869) que había recibido el testigo del nuevo ideario formador durante su estancia en Heidelberg.

La nueva metodología educadora basada en un panteísmo más bien panenteísmo en el sentido de que:

“Dios contiene al mundo y este trasciende de Dios”

Propugna una libertad educadora opuesta al rigorismo escolástico por la que el individuo ha de ser formado en libertad para así crear su propia libertad, basándose fundamentalmente el innovador sistema en el autocontrol personal, cultivo de las letras y las artes y la práctica del ejercicio físico en ambiente natural.

Las nuevas teorías habrían de despertar a España del sueño dogmático y de la indiferente, inercia en la que vegetaba antes de la obra de Sanz del Río y hallaron consecuente uso en entidades de trascendencia secular como fue la Institución Libre de Enseñanza fundada en 1876 por su discípulo Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) el que desde su sólida formación académica ostentando la doble Cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en Madrid, propugna e impulsa el nuevo ideario pedagógico y está alerta de toda cuanta actividad en la materia se genere en Europa intentando así los Institucionalistas lograr la regeneración nacional de la educación con mayúsculas al achacar a la falta de cultura, instrucción y preparación intelectual, la mayoría de los males que acusaba la nación [1]. El propio Giner lamentándose al respecto denuncia la “cortedad y exclusivismo” de nuestra detestable educación nacional [2].

Javier Zamorano [3], espigando conceptos del ideario institucionalista concebidos por Giner, traza una directa semblanza de los nuevos planteamientos reformadores basados en:

“Una acción verdaderamente educadora en aquellas esferas en donde más apremia la necesidad de redimir nuestro espíritu”

“La génesis del carácter moral tan flaco y enervado en una nación indiferente a su ruina”

“El cuidado del cuerpo”

“El desarrollo de la personalidad individual nunca más necesario que cuando ha llegado a su apogeo la idolatría de la nivelación y de las grandes masas”

“La severa obediencia a la ley”

“El sacrificio ante la vocación sobre todo cálculo egoísta”

“El patriotismo sincero, leal, activo”

“El amor al trabajo cuya ausencia hace de todo español un mendigo del Estado o de la vía pública”

“El odio a la mentira, uno de nuestros cánceres sociales cuidadosamente contenido por una educación corrupta”, y

“En fin, el espíritu de agilidad y tolerancia”.

Es en estas circunstancias cuando en fecha de 8 de agosto de 1888 Giner, conocedor de la revolución pedagógica que Pierre de Coubertin estaba provocando en Francia intentando implantar el nuevo sistema educativo a imitación del patrón inglés y en donde es de importancia trascendental el ejercicio físico y el deporte en la educación, cuando Giner le envía una carta dándose a conocer él y su campaña reformadora.

Giner de los Rios

Giner de los Ríos (Fuente: www.uhu.es)

Cuatro días más tarde, el 12 de agosto, Coubertin con su habitual y diligente entusiasmo contesta a Giner de los Ríos dándole cuenta de sus recientes logros, del sistema utilizado, y de su posible implantación en España, demostrando en la misiva un buen conocimiento del nivel hispano del remo, así como también de la situación de desoladora precariedad del resto de las especialidades deportivas.

Esta es pues, por el momento, la primera constancia que existe de la relación de Pierre de Coubertin con España y de naturaleza esta eminentemente pedagógica con trasfondo deportivo y en su caso última finalidad olímpica.

De la correspondencia que a partir de la misiva ya referida media entre Coubertin y Giner [4] se evidencia el perseverante dinamismo del aristócrata francés para involucrar en su campaña pedagógica internacional al educador español, estimulándole con nombramientos y representaciones en los Congresos que convoca, que éste sistemáticamente rechaza con correctas evasivas, siendo determinantes en esta dinámica las propuestas que Coubertin fija en su carta de 21 de febrero de 1894 alusiva al Congreso Fundacional del COI de 23 de junio del mismo año y en la que solicita de Giner la indicación de sociedades o personalidades españolas que pudieran ser invitados a aquel, así como periódicos con los que comunicar, ofreciéndole al mismo Giner así como a Emilio Castelar, Sagasta y Cánovas del Castillo, la condición de Miembros de Honor del Congreso, distinción que una vez más Giner no acepta.

Como dice Otero Urtaza [5], Coubertin no tuvo así en Giner un elemento dinámico para sus proyectos de fraternidad entre los pueblos. Alérgico a cualquier actividad política, vivía refugiado en el “Castillo Roquero” de la ILE delegando en su discípulo el peso de las relaciones con el exterior. En este sentido no fue tal vez la mejor elección para sus planes europeístas y la propagación del espíritu olímpico en España.

En esta dinámica de “asistencia por delegación”, Giner confió a sus discípulos Aniceto Sela y Adolfo González Posada, ambos profesores de la Universidad de Oviedo, la presencia española que Coubertin pretendía en el Congreso Fundacional del París. Los que, a su vez acompañados por el Decano de la Facultad de Derecho, Adolfo Álvarez Builla, integraron la representación oficial española en el histórico evento.

AUTOR: CONRADO DURÁNTEZ
Conrado DurántezEs Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.
CITAS:
[1] De Miguel Eguía, Pilar. Pintura y Regeneracionismo. En Regeneracionismo y Reforma. España a comienzos del siglo XIX. Madrid 2002, pg 226.
[2] Giner de los Ríos, Francisco. El Paisaje. En La Lectura. Tomo I Madrid 1956.
[3] Zamorano, Javier. El nacimiento de los intelectuales. En Regeneracionismo y Reforma. España a comienzos del siglo XIX. Madrid 2002, pg 290-291.
[4] Otero Urtaza, Eugenio. Las Relaciones entre Pierre de Coubertin y Francisco Giner de los Ríos. En Revista Complutense DE Educación Física. Volumen VII número 2. Madrid 1966, pg 201-210.
[5] Op cit, pg 210.

 

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